13/11/2009

Esperando,

perro2

Un perro sacado de contexto. Cuando una tipa que va manejando por el periférico en el carril de alta, se topa a un perro tipo beagle, tipo coquer, tipo labrador, pegado al muro de contención en el carril de alta del periférico. Y lo esquiva. Porque el perro está pegado al muro, recostado sobre su panza, con las patas delanteras estiradas, sacando la lengua, transpirando, al más puro calor del DF, del pavimento, del periférico, de las tres de la tarde, de México.
Tan sólo le faltó el paisaje montañoso, las ovejas de fondo y las nubes de Heidi con el charco de sangre para que fuera más real que lo real.
¿Fue en serio?: Un perro en el carril de alta, vivo, tranquilo, esperando su destino. ¿Por qué no se movía? ¿Lo abandonaron ahí? ¿Un auto le pegó en la cadera y se acomodó ahí? ¿Puede moverse?
-¡Qué no, qué no, qué no! –gritó la tipa manejando dentro de su auto.
Al llegar al destino de su tarde, marcó desde el teléfono de la oficina a las perreras, a la seguridad, etc. “Ring ring ring”… a las cuatro y media de la tarde ya nadie contesta: el perro esperaba su destino.


Pienso, en general, que pocas personas tienen claro lo que quieren, incluyéndome. Cuando veo a un ser esperar la muerte (sin saberlo, no sé), tranquilamente, me sorprendo. Es cuando suelto el acelerador.

11/11/2009

Acto VIXCUIOEIEIVIII

wty

-¿Pero sabes qué me salva?
-¿De qué?
-De sentirme absolutamente yo misma
-¿Qué?
-Que hay otros como yo

Se cierra el telón. Se cae la cuchara del té. Se rompe la vajilla china. (En el escenario).

Las luces del auditorio se encienden. En el público se voltean a ver unos a otros, se paran, se van como si nada, las sillas se empiezan a vaciar, los pasillos a atestar, y el anfiteatro prende “la música de elevador, de fondo, de siempre”.

¿Cuánto es del valet parking?

08/11/2009

La entre boda

moet

(Continuación del post anterior)

Nos trajeron dos botellas de Moët para cada quién en la mesa. Digo. No anticipado. Así se dio. Me quedé viendo a Rimbaud todo el tiempo y platicando con Beckett básicamente. Él, que no dice mucho, acabó diciendo:
-Estoy esperano a que esto termine.
-¿La boda?
Stipe y Molko cantaban de lo lindo en el escenario boderil y terminaron por correr al grupo chafa de las bodas que tocan La Macarena, Caballo Dorado y hasta Black Eyed Peas “I gotta feeling that tonight’s gonna be a good night”, pero en español.
Aunque la letra de la canción le hizo honor a la noche.
Al final llegó el clásico DJ de bodas, el que no mezcla sino que sólo pone canciones. La última “rola” que recuerdo fue “Sweet Disposition”, de un grupo australiano llamado The Temper Trap. Sonaron muy a U2, con las guitarras y la atmósfera. Después los diez de nosotros abandonamos intempestivamente la boda, para acabar caminando por Álvaro Obregón, la calle, cada uno ataviados al modo más elegante de su época. Encontramos la puerta abieta de un edifico antiguo y entramos.
Subimos al tercer piso, el último, donde había un departamento vacío, abierto. Chueco.
Entramos. Las paredes blancas, un poco sucias. Los pisos de madera, sin pulir. Los techos altos, las ventanas daban a la calle, una vista de las copas de los árboles y los techos de la noche chilanga en el tercer piso de A.O. Y desde ahí Shakespeare se quitó la ropa y comenzó declamar, en el balcón, hacia la calle. Rimbaud lo siguió, se puso atrás de él y gritó:
-Je est un autre, merde!
Molko gritó algo hacia la calle en francés. Milton se durmió y Blake alucinó diciendo cosas como “nos vemos, entiendo, los cables eléctricos y las bombillas de luz”.
Yo dije “Sacre bleu, olvidé un cangrejo“. Me senté en en el suelo y me puse  a ver los relfejos de la calle en las paredes. Conté los cuadritos luminosos  de las ventanas reflejados en naranja sobre el blanco.
-Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez… once… Todo esto es mío.

06/11/2009

El mes de las bodas

wedding

Me llegó la invitación a finales de septiembre. La boda era en noviembre. La invitación incluía un texto haciendo referencia a los novios, otro a los padres, otro a los abuelos y otro a los muertos de ambos novios, al estilo árbol genealógico. Y dije “a esto sí tengo que ir aunque sea en día de muertos”.
Llegó el 2 de noviembre, la boda era de noche y por supuesto, la mitad de los invitados llegó tarde a la ceremonia religiosa. El civil duró 30 minutos. A los 32 minutos ya todos estábamos en la fiesta, en este lugar del centro de la Ciudad de México, un patio central, una fuente, una pista de baile, mesas alrededor y todo tan lleno de veladoras, de flores de cepansuchil y de calaveritas azucaradas por doquier.
Me tocó sentarme en la mesa número 6, al lado de la mesa de los muertos donde estaban: Shakespeare, Rimbaud, Beckett, Kafka, Blake, Milton, Allan Poe, otro escritor que no reconocí, Michael Stipe y Brian Molko.
No es que Stipe y Molko estén muertos, pero corrieron a sentarse ahí porque era su mejor camuflaje.
Rimbaud llamó al mesero y pidió otra ronda de ajenjos para la mesa. Sin agua mineral, poca azúcar.
-Y ahora sí traiga un encendedor? –le espetó al mesero.
-No sabrás lo que es bastante hasta saber lo que es más que bastante –dijo Blake al aire. Molko algo le respondió pero ya no oí bien porque una de las hermanas de la novia llegó a preguntarme si el lugar a mi derecha estaba ocupado, le dije que no, que se sentara.
Entonces fue cuando le piqué el hombro al escritor desconocido y le pregunté si cambiábamos lugares. Volteó a mi mesa, barrió a la hermana, hizo un gesto de aprobación, se acabó el ajenjo de un trago y cambiamos lugares. Me tocó sentarme entre Beckett y Molko.

(Historia continuará).

05/11/2009

Los irónicos

Chekhov2

Las personas tristes y los melancólicos siempre escriben cosas alegres, mientras que los animosos deprimen a la gente con sus escritos. Yo soy un hombre alegre; o al menos me parece que me he divertido durante los primeros treinta años de mi vida.
–Anton Chéjov

(Murió a los 44)

04/11/2009

Salir volando, again

placebowings

Le pegué la última pluma a mis alas para salir volando por el segundo piso del periférico, mejor conocido como distribuidor vial.

Le dije a mi perro: no vendas mis cosas por eBay ni me ladres por teléfono porque tal vez no haya señal a donde voy.

03/11/2009

Ahhh… los zapatos

shoe 001

There was an old woman who lived in a shoe.
She had so many children, she didn’t know what to do;
She gave them some broth without any bread;
Then whipped them all soundly and put them to bed.

shoe

Había una mujer a quien le gustaban las botas
buscaba de preferencia unas no tan largotas
su amiga tenía de esto conocimiento
Vivirías en éstas“, le dijo, si fuera el Renacimiento

02/11/2009

Raid Matabichos, again

araña

¿Las arañas que ves son las que están? Qué horrible duda.

Parada, de noche, en mi cuarto, con las luces prendidas, muy concentrada desenrollaba los cables de los audífonos cuando de reojo veo una cosa negra caminar por el suelo. Una cosa grande, la sigue mi ojo, hacia la izquierda, que se esconde bajo el escritorio antes de que pudiera siquiera identificar qué era.

Tan grande como un cara de niño pero tan negro como una araña.

-¿Tan grande como una cara de niño? ¡Pero qué monstruo!
-No: tan grande como un cara de niño.

Diagh, diagh.

No es miedo, es otra cosa. Tampoco asco. Es otra cosa. Tan diferente.

Voy por el Raid Mata Bichos y vámonos: rocío el insecticida por debajo de todo el escritorio y la cosa esa sale por patas: una araña negra muy grande.

Diez segundos continuos a 6 centímentros del bicho sigo disparando el Raid y la cosa se hace la muerta, porque me hago la tonta y se va corriendo. Es inmortal la araña, pienso. Rápido agarro un zapato y mocos. Ahí sigue la araña debajo de la suela del zapato (espero).

Ahora no puedo dejar de pensar en que si hay una puede haber dos, o tres, o cuatro… no sé si las arañas que vemos son las únicas que hay.

01/11/2009

¿Para qué?

paraqué

¿Para qué?
Para que qué.
Para qué todo.
¿Todo?
¿Por qué haces las cosas?
Porque una vez me lo dijeron.
¿Y nunca preferiste no hacerlo?
Sí.
Y qué pasó.
Nada.
¿Y luego?
Pues eso. No pasó nada, entonces caí en la cuenta que es mejor hacer que pasen las cosas a que no pase nada.
¿Por qué?
No sé.
¿Y no te cuesta trabajo?
Trabajo no. Me cuesta el ego.
No es cierto.
No cuesta nada. Para eso estamos aquí, para hacer que pasen las cosas, sin tanto cuestionamiento, dejando esa parte (el ego) atrás.
Suenas a budista o algo.
No sé, así es.
¿Y te has distraído?
¿De qué?
De hacer lo que debes hacer.
Casi toda mi vida.
¿En qué te has distraído?
En la escuela, el trabajo, las personas.
¿Cuál de las tres ha sido la más conveniente?
Las personas, la menos la escuela.
Estás mintiendo, te falta otra distracción.
No es cierto.
Sí: las fiestas y Johnnie Walker.
Eso es estilo no distracción.
Eufemismo.
Es chistoso, porque una vez que haces las cosas todo se vuelve un poco más sencillo.
¿Y cuándo sabes que es tiempo de empezar a hacerlas?
Unos lo saben desde los 9 años, otros desde los 15 y otros hasta los 25.
Desconozco mis límites.

29/10/2009

24 horas, again

La mañana es una noche de epifanía y lo ves todo como un científico. Es la hora del día que te pone en tu lugar dentro de la astronomía, la geografía y la biología.  En las mañanas eres sólo una persona sentada en una cama viendo al horizonte por la ventana pensando “ah, para hoy tengo que hacer esto esto y esto”, cosa de incluirte solito en la rueda del mundo que sigue girando, donde la gente se sigue peleando, y queriendo y besando, donde los perros siguen meando y los gatos arañando. No es que seas tan importante.

Luego viene el mediodía ipso facto, pero la tarde… la tarde es la peor hora del día. Ni siquiera voy a hablar de la tarde.

Después viene la noche donde te conviertes en templo o algo así. Todo se ve a través de tus ojos que es cuando creas nuevos mundos y cualquier detalle es demasiado importante. Estás tú en primer plano y el mundo es el escenario. Los demás que aplaudan.

Que tengan un buen día de corridito, sin albur.
Las primeras 24 horas.