08/02/2010

Click click click

Suenan los hielos en el vaso.
Suena el mouse en el escritorio.
Suenan las teclas de la computadora.
Suenan los duendes de mi cabeza.
Los fantasmas, dirás.
¿Johnnie?
Qué onda.
The loud voice of a man really shocks and threatens a woman. The silence of a woman tremendously shakes the consciousness of a man. –leí en un Tumblr post. También en ese mismo Tumblr blog venían, ya sabes, las miles de imágenes de zapatos, de tacones, de rosa, de hello kittys, pero todo con una intención negra, no rosa. De esas japonesas con el cabello teñido de naranja queriendo ser amarillo. De esas chicas, jovencitas, mujercitas que sufren mucho porque el aburrimiento corta más que el trabajo de escritorio, entonces hay que sacarlo en el Tumblr, bajo un nombre tipo “Confessions of a Shopaholic Queen”.
Sophaholic Queen?
No, Shopaholic.
Ah.
De ahí saqué esta imagen:

Y esta:

Y esta:

Como el beso de Rodin de ahora. ¿No te parece?
Totalmente.
Porque luego uno se la pasa dando clicks y clicks y clicks en todo tipo de Tumblrs, de blogs o de páginas repletas de imágenes: imágenes: imágenes: y se pueden encontrar vastas, vastas, vastas, imágenes del tono de la de arriba, pero sin ese algo que me hizo fijarme un poco de más y decir: es buena. Para mí. Y dije “y ‘ora?”. Porque soy de las personas que se encuentran influenciadas en los minutos del día por los textos, las imágenes, la música y el DF. Porque es lo que hay. Es la ventana de internet. Porque no soy, aun, de las personas que se la viven en los aviones, en los aeropuertos, en las paradas, en la plática de sala de espera, en las conferencias y los salones con canapés, influenciando al mundo. Entonces mis influencias del día son los Tumblrs, los wordpress, los bloggers, los periódicos online, los mp3’s, los torrents, los gmails, los twitters, y la ciudad, con su gente. Las pláticas en un restaurante. De día, de noche.
Qué bueno que vives en una ciudad grande.
Sí.
O qué mal.
Por qué.
Porque de tan grande te distraes. Si vivieras en un pueblo europeo donde las banquetas todas son iguales, donde la casas, todas son iguales, donde los letreros en la calle todos son iguales, lo único que querrías hacer sería llegar a inventar mundos más divertidos.
En un blog hay un post que se llama “Yo sí que te cuidaré”. Habla de mails, correspondencia, complicidades e individualidad. Lo leí hace rato y me acabo de dar cuenta que unas imágenes de ese post se parecen a imágenes de este post, aunque las suyas son más clásicas, o finas. Porque de lo que cada quien encuentra, él pone:

Y yo pongo:

Y este párrafo es un saludo a su autor, porque este post sería todo un comment para ese post.
Seguiré con el click click click y el plop (al estilo Bob Esponja) del agua mineral.

05/02/2010

Instrucciones para matar un mosquito

Ayer estábamos Gabriela y yo en mi cuarto platicando, a gusto, oyendo música. Y le dije:
-Ahí está el maldito mosquito. El que estuvo zumbando en mi oreja toda la semana.
-¿Dónde? -me dice Gaby.
-En el techo -señalo.
La cosa es que el departamento donde vivo  es de techos altos y no alcanzaba a matarlo.
Como Gabriela es muy brillante me dijo:
-Aplica la milenaria técnica de matarlo aventándole un libro.
-Va.
Y como Gabriela estaba sentada en una silla al lado del librero donde descansan vastos, vastos, vastos libros importantísimos, enormes, de sabiduría, me pasó “Philosophiae naturalis principia mathematica” de Isaac Newton.
-No -le dije -uno que no me importe tanto (o nada), y más ligero.
Me pasó otro libro, y a continuación podrán ver cómo nos dimos cuenta que el techo que pende sobre mi cabeza no es el original.

Gaby y su copa de vino admiran la escena muy divertidas.

Fue como ver un cascarón de huevo romperse en cámara lenta.

Y el libro se quedará ahí por los siglos de los siglos o hasta que se tire todo el techo completo.

Por supuesto que el mosquito sigue rondando por aquí mientras yo tecleo esto bajo el libro que está en el techo que pende sobre mi cabeza.

Para adivinar el nombre del libro, pase acá por favor.

03/02/2010

El barrio


No es que use el coche todos los días. A veces cuando llueve, o voy al súper, o tengo flojera de caminar.
No tengo lugar de estacionamiento y hay dos opciones: dejarlo en la pensión de al lado, o dejarlo en la calle.
Sólo una vez lo he dejado en la pensión. Las demás sobre la calle. Esta vez lo dejé el lunes en la calle, ayer martes no lo usé.
Salí hoy (miércoles), bolsa en mano, paraguas en la otra mano, iPod en las orejas. Llego a mi coche y veo, por fuera, que el vidrio parece collage con tantos pequeños papelitos rectangulares que colocan de publicidad de antros, bares, puteros, o lo que sea. “Cerveza a 15 pesos”, alcancé a leer en uno.
Abro el coche, me siento, dejo el paraguas, la bolsa, la chamarra, el suéter en el asiento de junto y es cuando, de reojo, me percato que la palanca de velocidades está en Drive y no en Parking.
“¿En serio?”, pienso, “¿así lo dejé yo?… Siempre lo dejo en Parking, qué raro”.
Luego veo que la aguja que marca el volumen de gasolina marca sólo un cuarto, y no más de la mitad del tanque, como lo dejé el lunes.
Todo está intacto excepto la palanca y la gasolina.
“¿Por qué me pasan estas cosas a mí?, sigo pensando rápidamente, “tuve las llaves conmigo todo el tiempo, no se lo presté a nadie”.
“¿Será un mensaje elegantemente planeado para que me deje de estacionar ahí? ¿Serán los de la pensión que, sigilosamente me quieren comunicar algo, y decir que mejor siga pagando ahí? ¿Será el viene viene? ¿Será el vecino? ¿Será un juego, tipo la película donde sale Michael Douglas?”.
Entonces puse el coche en Parking, lo prendí. Salí a Insurgentes y me paré en la primera gasolinera que encontré, que no está muy lejos.
Seguí derecho por Insurgentes dirección sur. Subí por el distribuidor vial, vi lo que aún se puede ver de la escultura de Macotela, luego vi el Ajusco entre las nubes, la ciudad entera, la lluvia por allá, y pensé: son los códigos del barrio.
Los papelitos siguieron en su lugar, hasta que llegué a Altavista. Así que la persona que se encarga de poner cartelitos publicitarios entre ventanas de coches debe estar orgulloso de su buen trabajo.

02/02/2010

Blanco y negro


El ángel y el demonio.
La bonita y el feo.
Así tacharon a Jane Birkin y a Serge Gainsbourg. La pareja europea de la década de los 60’s – 70’s.
Obvio él era el demonio porque fue el genio y el feo. Ella fue la modelo. La guapa. La brillante. La musa, la cantante. La que se casó con el genio.
Se conocieron en una audición donde él se portó como un patán, ella lloró, él le gritó, se enamoraron, se casaron, y tuvieron a Charlotte Gainsbourg. Faltaba más.

I grind my teeth and keep my thumbs in so tight that I’ve dislocated them, just not to scream. Sometimes as an actor one is lucky enough to be asked to scream.

Escribió Birkin alguna vez con respecto a su estado personal en relación a su matrimonio con Gainsbourg.
O también:

I know what it’s like to have someone coming home who looks at you not in the way they used to in the old days, and I’ve seen my own face contorted with sadness and rage in the mirror.

La última:

I’d rather live on my own than live with a face that looks at me with the wrong eyes.

Así que ya saben. El antiguo consejo es no casarse con genios. Porque luego pasa la teoría de la caja negra: nunca sabemos por qué nos casamos, por qué funcionó o dejó de funcionar el matrimonio, y cuando se estrella, no podemos recuperar la caja negra. Aunque para esto tampoco se necesita un genio.
Jane Birkin dejó a Gainsbourg y se fue con Jaques Doillon, con quien tuvo a Lou Doillon. Nada menos.


El mundo entero le agradece a Jane Birkin el genio de tener tales hijas. A Gainsbourg, bueno… “Gainsbourg’s extremely varied musical style and individuality make him difficult to categorize. His legacy has been firmly established, and he is often regarded as one of the world’s most influential popular musicians.”

Los dos tuvieron más hijos por otros lados, pero eso ahora no importa.

31/01/2010

Je t’aime… moi non plus

Serge Gainsbourg, originalmente nombrado Lucien Ginsburg, nació el 2 de abril de 1928 en Francia, de padres rusos.

Serge Gainsbourg

Fue cantante, compositor, actor y director.
Compuso “Je t’aime… moi non plus” yla cantó junto con Jane Birkin.

Jane Birkin

La canción, grabada en 1969, causó polémica.
Aquí los dos juntos:

Serge Gainsbourg & Jane Birkin

Aquí un cover de 2003, que Asia Argento incluyó en el soundtrack de Ingannevole è il cuore più di ogni altra cosa / The Heart Is Deceitful Above All Things:

B.Molko & A. Argento

27/01/2010

Adriana Déjà vu

Mi nombre es Adriana, mi apellido Degetau, que se pronuncia Deguetau. Me han dicho Deguetó, Deguetaurrrr, Deguetan, Guelatao, entre otras variantes. Pero el mejor de todos: Déjà vu. Cortesía de Burro, aka, madre de Diana Vázquez, aka, Botón.

Diana Vázquez fue apodada Botón hace unos tres o cuatro años cuando éramos colegas, es decir, esclavas laborales de periódico. Después fuimos apodadas los botones de la sección Nacional(com).

Pero ahora también puedo ser Adriana Déjà vu.

La imagen después.

27/01/2010

Concentration

25/01/2010

Stupid has the balls


Smart may have the brains, but stupid has the balls.

Be stupid.

18/01/2010

Ni que fuéramos simétricos

Trabajo constantemente, porque cuando la gente habla de “inspiración”, lo que ellos llaman inspiración, realmente viene del trabajo diario. Dijo Francis Bacon, y estoy de acuerdo.

Texto: En construcción. Se aceptan ideas. Sugerencias. Párrafos. Mentadas.

Sugerencia 1: tengo un ojo más pequeño que otro, como Rocky Balboa después de una pelea de box. -Diana Vázquez

15/01/2010

Pantha du Prince – Behind The Stars

Te quedas trabajando hasta tarde y dices “música maestro” y se hace la música que te transporta a los años 90 e inicio de los dos miles, a los espacios, los antros y la música electrónica, en elegante. El DJ ahí arriba y yo acá abajo en el piso con los mortales, recuerdo. -Mientras ya noche tecleo la edición y veo la información del trabajo, de la tragedia, de la crisis en Haití.- Y pienso, “ya llovió”, es decir, ya pasó el tiempo entre los días que veía a los DJ’s ahí arriba y yo al ras del suelo gastando mis euros de Entonces, pienso en la heroína del Amante de Lady Chatterley de, D.H. Lawrence el novelista profético que no está de moda ahora porque no gusta al feminismo. Pero verán que el genio acaba enterrando a sus enterradores y el olvido en el que se encuentra Lawrence no prevalecerá y más personas conocerán a su personaje Lady Chatterley, quien se ve en el espejo y dice, “Ya llovió”, pienso mientras oigo Growing Old Is Getting Old, de Silversun Pickups, del post anterior. Regreso a Hendrick Weber, mejor conocido como Pantha du Prince, Panthel y Glühen 4, en el ámbito musical electrónico alemán, famoso por crear lo que yo llamaría música orgánica, en electrónico. Aquí Behind The Stars, que dura exactamente 12 minutos con 13 segundos. Se recomiendan unas buenas bocinas para esto.