I’m not only a sandstorm, but a snowstorm too

snowstorm

“Sometimes fate is like a small sandstorm that keeps changing directions. You change direction but the sandstorm chases you. You turn again, but the storm adjusts. Over and over you play this out, like some ominous dance with death just before dawn. Why? Because this storm isn’t something that blew in from far away, something that has nothing to do with you. This storm is you. Something inside of you. So all you can do is give in to it, step right inside the storm, closing your eyes and plugging up your ears so the sand doesn’t get in, and walk through it, step by step. There’s no sun there, no moon, no direction, no sense of time. Just fine white sand swirling up into the sky like pulverized bones. That’s the kind of sandstorm you need to imagine.

An you really will have to make it through that violent, metaphysical, symbolic storm. No matter how metaphysical or symbolic it might be, make no mistake about it: it will cut through flesh like a thousand razor blades. People will bleed there, and you will bleed too. Hot, red blood. You’ll catch that blood in your hands, your own blood and the blood of others.

And once the storm is over you won’t remember how you made it through, how you managed to survive. You won’t even be sure, in fact, whether the storm is really over. But one thing is certain. When you come out of the storm you won’t be the same person who walked in. That’s what this storm’s all about.”
― Haruki Murakami, Kafka on the Shore

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Lo que tenemos en común es lo que es dado a cada uno como suyo

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Viendo un Ted Talk sobre redes sociales me acordé de la frase de Italo Calvino en su libro Palomar: “Lo que tenemos en común es justamente lo que es dado a cada uno como exclusivamente suyo.” Como cuando te corren del trabajo y tienes sentimientos encontrados de odio, culpabilidad, rencor, derrota, golpe de humildad y crees que eres una liendre.  Sientes que eres la única y primera persona en la humanidad que ha sentido eso. Y lo compartes en las redes. Encuentras que hay gente sintiéndose mierda igual que tú en este mismo momento, en este tiempo espacio que confluyen hoy en el siglo XXI. Entonces esos reply’s y comments que te dejan en tu Twitter o en tu Facebook o en tu post te hacen sentir mejor. Como si fueran palmaditas en la espalda diciendo “güey, no estás solo, habemos personas en el mundo que hemos pasado lo mismo nos sentimos igual”.

El tema da igual: que te corran, que te pinten el cuerno, que te partan tu madre, que te vean la cara, que te desilusionen, que pierdas algo o alguien. Que te enamores, que te asciendan, tu boda, tu hijo, tu diploma, tu primer gran cheque… son los temas universales que tenemos en común pero que son dados a cada uno de nosotros como exclusivamente propios. Nos hacen sentir y ser y nos unen.

Es por eso que los clásicos son los clásicos. Los manuscritos, las novelas, los cantares, las canciones, las leyendas, los guiones y películas hablan de esas cosas y quienes creaban todo lo anterior eran un bonche entre millones de personas.

Pero ahora con las redes sociales (globales, sociales, ubicuas y baratas) todos al mismo tiempo plasmamos lo que sentimos y queremos, lo que pensamos que nos hace ser especial. Es por eso que la red está atascada de selfies, frases cursis y fotos de lo que comemos y de lo que nos ponemos. Pero yendo un paso más allá, sobrepasando la basura superficial como un avión que al despegar sobrepasa  las nubes, nos encontramos con la voz de todos. Ya no solo un puñado de especialistas gastronómicos escriben reseñas de restaurantes. Ahora todos somos reseñitas a través de las aplicaciones y nos comentamos. Ya no es solo espacio para profesionales. Todos creamos el contenido y somos el contenido. Al hacerlo de un modo maduro, como dice Clay Shirky en su Ted Talk, es como respondemos a la pregunta de hacer un mejor medio para unir grupos y transmitir mensajes, desde cuestiones políticas hasta los sentimientos humanos más elementales.

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La cabeza

head

El paracaidista francés, André Jacques Garnerin (1769 – 1823), murió cuando le pegó una viga en la cabeza construyendo uno de sus paracaídas.

El Rey Carlos VIII de Francia (1470 – 1498) se pegó en la cabeza con el dintel de una puerta, horas después cayó en coma y murió.

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En México…

La primera mitad sale a chingar, y la segunda mitad a que no se los chinguen.

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El mundo de gomita está de luto

haribo

Pero si es cierto que la muerte es solo una enfermedad, entonces larga vida a Hans Riegel, creador padre de los ositos de gomita, quien murió hoy a los 90 años.

HAns, RIegel, BOnn: HARIBO.

¡Haribo! Los mejores ositos de gomita. Gummibärchen. Haribo macht Kinder froh und Erwachsene ebenso. Haribo hace felices a los niños y a los adultos también. Tienen la consistencia perfecta y el mejor sabor, ni tan dulce ni tan ácido. El feliz mundo de Haribo.

Nada que ver los Panditas Ricolino chafas, suaves, empalagosos y de colores  que además ¿no deberían ser blanco y  negro?

Y cómo olvidar la jalea más rara de todas, la Venus de Milo de jalea, esculpida por artesanos de jalea, exclusivos del medio de la jalea. -¿Quiere dejar de decir jalea?!

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Historia de todas las mañanas

out of bed

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Happy people

happy people

“Come to think of it we are all killers or accomplices. Even those people who are kind-hearted and tend to pity everything. Why? It’s very simple. A farmer keeps a pig but he knows in advance what he keeps it for. In order to kill it and to eat it or sell its meat. And even the person who is sorry about all this buys the pork from him. An the trapper is the same as the pig farmer only he is- how would you say it- more honest. I used to raise cattle, and I could never bring myself to slaughter them. Because there is, say, a bull. You raise him for two years. It comes to you expecting you show affection or give it some treat. In the Taiga, the wild animal know that no good can come from me, from a man. He tries to escape. Here, its about who outsmarts whom.”

Vean Happy People de Werner Herzog.

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